Serie Nutriología Ortomolecular
Propiedades Profilácticas y Terapéuticas
de la Vitamina C
III Parte
Por Miguel Leopoldo Alvarado Saldaña
PROFILAXIS CON
DOSIS ELEVADAS DE VITAMINA C
Aunque actualmente existe
un dominio público y completo sobre el conocimiento de las propiedades
de la vitamina C y los flavonoides y se sabe que los cítricos y
hortalizas verdes los contienen en cantidades apreciables,
paradójicamente, son muy contadas las personas que consumen suficientes
cantidades de estos dos nutrientes para mantener en niveles óptimos su
salud y prevenir enfermedades.
Existe así, una
insuficiencia generalizada de vitamina C, resultado de los criterios
oficiales, ya que
la OMS y los
ministerios de salud de casi todos los países, recomiendan un consumo de
entre
30 a 60
miligramos diarios, no obstante la abrumadora acumulación de evidencias
científicas que señalan ese rango útil para evitar el escorbuto y la
muerte, mas no suficiente para lograr una salud óptima y proteger contra
las epidemias modernas.
Como una condición normal,
todos los seres humanos sufren alguna modalidad de escorbuto subclínico
provocado por una insuficiencia de vitamina C que los predispone a las
enfermedades degenerativas y los hace vulnerables frente a las
infecciones. Debido a esta condición universal, una ingesta
complementaria de vitamina C como medida profiláctica mejoraría casi
cualquier función orgánica y fortalecería notablemente la salud; y
contribuiría de manera efectiva a prevenir una gran variedad de
afecciones, incluyendo infecciones bacteriales, víricas y fúngicas,
intoxicaciones por contaminantes químicos artificiales y por metales
pesados, artritis, cáncer y enfermedades venosas, vasculares,
cardiovasculares y cerebrovasculares.
El consumo complementario
cotidiano de vitamina C fortalecería al hombre contra los perniciosos
efectos del estrés de la vida moderna y le permitiría tener un mejor
rendimiento en todas las actividades humanas incluyendo el trabajo, el
estudio y el deporte.
Varios investigadores
científicos de renombre consideran que si se aumentase la recomendación
de vitamina C a una tasa similar a la hallada en los animales capaces de
sintetizarla en su propio organismo, optimizaría la eficiencia
metabólica y haría posible mejorar considerablemente la salud pública y
el rendimiento en el trabajo en una proporción muy superior a la de los
costos que se incurriera con esta medida profiláctica.
Argumentan que si bien el escorbuto es el resultado de una carencia
absoluta de vitamina C, hay otras afecciones más comunes derivadas de
una insuficiencia menos severa pero permanente de ácido ascórbico. Desde
innumerables trastornos como resfriados frecuentes, encías sangrantes,
piorrea, debilitamiento de huesos, articulaciones y debilidad general,
hasta enfermedades graves como artritis, vasculopatías, cardiopatías y
cánceres parecen tener como causa subyacente y común, una insuficiencia
crónica de vitamina C. Un gran número de las enfermedades modernas más
frecuentes y comunes, pueden provenir de una insuficiencia de vitamina
C, segura Jorge Sintes Pros: “Virtudes Curativas de las Vitaminas”.
El ácido ascórbico (vitamina C) fortalece notablemente el sistema inmune
y la barrera de defensa constituida por el cemento intercelular, lo que
impide las enfermedades infecciosas, así como la implantación y
diseminación de células cancerosas. Aumenta la tolerancia al estrés y a
las sustancias tóxicas e incrementa la capacidad y la actividad de
desintoxicación del organismo humano ayudándolo a neutralizar y expulsar
microorganismos, toxinas y metales pesados. Tiene por si misma
propiedades antibióticas pues como ya mencionamos, la vitamina C
destruye in Vitro bacilos como el de Koch y atenúa la
actividad de varios virus, estreptococos y otros microorganismos.
Además, estimula la producción de leucocitos y otros anticuerpos
necesarios para combatir infecciones, materias extrañas y células
cancerosas.
La vitamina C es igualmente útil en disfunciones del sistema
inmunológico como en casos de alergias, asma, atopias, esclerosis
múltiple y otras enfermedades autoinmunitarias. Por último, una ingesta
complementaria de vitamina C, sería capaz de lentificar y en algunos
casos de revertir el envejecimiento secundario debido a factores
ambientales; y de incrementar la longevidad asociándola a una esperanza
de vida activa de alta calidad.
MECANISMOS BIOQUÍMICOS QUE SUSTENTAN LA PROFILAXIS CON VITAMINA C
La vitamina C es indispensable tanto para la formación de la sustancia
fibrilar intercelular en los tejidos de sostén (tejido conjuntivo y
conectivo, huesos y cartílagos) como para lograr un mantenimiento y
reparación adecuada de esos tejidos. Además, estimula las reacciones de
defensa del cuerpo humano, (actividad fagocitaria de los leucocitos,
sistema retículo-endotelial, y formación de todos los anticuerpos). Por
estimular la producción de tejido conjuntivo, es esencial para que éste
adquiera una estructura óptima.
La insuficiencia de vitamina C conduce al debilitamiento general del
tejido conectivo y puede ocasionar lesiones que sin desembocar en
escorbuto clínicamente diagnosticable, pueden lacerar a todos los
tejidos del cuerpo y crear los cimientos para enfermedades graves. Por
otra parte, una adecuada ingestión de vitamina C garantiza una óptima
producción de colágeno, moléculas de fibra elástica y contribuye al
desarrollo de un tejido conjuntivo resistente que fortalece y protege al
cuerpo de las enfermedades. La insuficiencia de vitamina C produce
alteraciones en los mecanismos de hidroxilación del aminoácido prolina y
su conversión en hiroxiprolina, constituyente esencial de las fibras de
colágeno, lo que da lugar a la insuficiente formación de colágeno en los
tejidos conjuntivos, importante sustancia intercelular de los tejidos de
sostén.
Por su capacidad para oxidarse con facilidad y transformarse en ácido
dehidroascórbico y de reconvertirse a ácido ascórbico, actúa como
mecanismo de oxidorreducción en todos los procesos celulares de
oxido-reducción e interviene en la hidroxilación de las hormonas
esteroides (sobre todo en la corteza de las glándulas suprarrenales) y
de los aminoácidos y, además, los protege de la acción de los radicales
libres.
La vitamina C bloquea directamente varios radicales libres tales como
componentes del humo y emanaciones de solventes presentes en alimentos,
cosméticos y artículos de limpieza. No obstante, su acción más
importante puede ser su efecto directo sobre otros antioxidantes. La
vitamina C restaura a la enzima Glutatión, a la vitamina C y a la
coenzima Q-10. Protegiendo así indirectamente a los tejidos pulmonares
de la toxicidad del bióxido de nitrógeno, componente común de las
emanaciones de los automóviles.
Por otra parte, la vitamina C juega un papel de vital importancia en el
transporte de los iones férricos de la transferrina,
proteína plasmática, a la ferritina, proteína que permite
el almacenamiento del hierro en la médula ósea, el bazo y el hígado.
Este necesario transporte de hierro entre el plasma y los órganos de
reserva, es perturbado en los casos de insuficiencia de vitamina C.
LINUS
PAULING (QUÍMICO, FÍSICO Y BIÓLOGO MOLECULAR)
Calificado por algunos como “el mejor químico del mundo”, y por
otros como el científico más brillante del siglo XX,
Linus Pauling
trabajó con intensa pasión y originalidad científica en la búsqueda de
un mundo y una vida mejor para todos. Fue autor de innumerables
investigaciones, textos, artículos y conferencias que revolucionaron el
pensamiento científico.
Obtuvo
su primer doctorado en 1925 en el
California Institute of
Technology
(CalTech),
con mención summa cum laude (el mayor honor); trabajó en el
Instituto de Física
Teórica
que
dirigía A. Sommerfeld.
Planteó y publicó seis reglas para analizar cristales, en las que se
aplican principios de física para entender la estructura de los
mineralices cristalinos.
En 1931
Pauling
escribió un famoso artículo de 34 páginas publicado en el
Journal of the American
Society,
titulado La naturaleza del enlace químico. Planteó y difundió los
principios de la teoría cuántica en los campos de la química clásica.
En 1931,
recibió un galardón por la Sociedad Norteamericana
de Química en reconocimiento a sus trabajos. Incursionó entonces
en su segundo gran campo de actividad científica: la biología molecular,
estudiando durante 2 años la naturaleza del enlace químico. Fue entonces
elegido director del departamento de química del
CalTech.
En 1939 publicó su famoso artículo
“ La Naturaleza del Enlace Químico”.
En 1974
escribió un libro de texto para estudios universitarios titulado:
“Química General”.
A partir de entonces se desarrolló en su tercer
campo científico: La anemia de células falciformes, demostrando que el
origen de la enfermedad se encontraba en la anormal estructura de la
molécula de hemoglobina de las personas enfermas.
Más
tarde junto con su colaborador
R. B Corey,
definieron y publicaron la descripción de la
estructura helicoloidal de
las proteínas,
originando una gran ovación de la comunidad científica. Desentrañaron y
describieron la estructura del ácido desoxirribonicleico, responsable de
la herencia de los seres vivos. Escribió su famoso libro:
“La doble hélice”.
Proponiendo para esta macromolécula una estructura
semejante a la de una cuerda con tres cabos.
Dictando
una importante conferencia sobre le hemoglobina en
la Universidad de Cornell, Nueva York,
recibió la noticia de haber sido reconocido con el premio Nóbel de
química por sus descubrimientos acerca del enlace químico y la
estructura de las moléculas. Publicó libros como
“Ciencia en el mundo
Moderno”
y
“No más Guerras”
y en 1962 recibió su segundo premio Nóbel, el de la paz.
INVESTIGACIONES DE PAULING SOBRE LA VITAMINA C
En la cumbre de su fama y reconocido ampliamente
en todo el mundo, centró su interés científico en la vitamina C (ácido
ascórbico), llegó a la conclusión de que grandes dosis de esta molécula
ayudan al cuerpo a prevenir y combatir la gripe y otras enfermedades.
Bajo un
revolucionario enfoque desarrolló una nueva cosmovisión médica basada en
el paradigma al que llamó
Medicina Ortomolecular,
concepto que lo llevó a trabajar sobre el metabolismo de los humanos con
mucha precisión y a discutir también sobre psiquiatría ortomolecular. Su
premisa fundamental fue prevenir y combatir las enfermedades con la
administración de cantidades individualmente óptimas de moléculas
habitualmente presentes tanto en el cuerpo, como en los alimentos, las
cuales forman parte de la maquinaria bioquímica natural del ser humano.
Publicó
en 1970 su primera disertación científica al respecto: “Vitamina
C, resfriado común y gripe”,
poco después en coautoria con
Ewan Cameron
publicó: “La
vitamina C y el cáncer”,
alcanzando la suficiente resonancia internacional como para provocar una
álgida polémica que conmocionó al mundo médico científico, siendo
severamente criticado y atacado por sus teorías.
Pauling había puesto el dedo en la llaga. A
partir de entonces, los apoyos oficiales de todo tipo, le fueron negados
y retirados. Se convirtió en blanco de virulentos ataques por parte de
académicos, burócratas y asociaciones profesionales oficiales.
De ahí
en adelante se dedicó a investigar en el campo de la medicina
ortomolecular en el
Instituto de Ciencias y Medicina Linus Pauling
que él fundó junto con otros colaboradores. Profundizó sus
investigaciones sobre la utilización de la vitamina C para la cura del
cáncer, inmunología y funcionamiento de los anestésicos, entre otros
asuntos.
En 1976
publicó junto con Ewan
Cameron
un estudio realizado en el
Hospital Vale of Leven
sobre el nivel de supervivencia de 100 pacientes
enfermos de cáncer en fase terminal, a los que se les había suministrado
vitamina C, en comparación a un grupo testigo de 1000 pacientes en
estado terminal similar, tratados por esos mismos médicos, en ese mismo
hospital y de la forma idéntica, excepto la administración de vitamina
C.
La comprobación fue sorprendente: “Los 100
pacientes tratados con vitamina C vivieron por término medio 300 días
más que los otros y vivieron más felices durante esa fase terminal”.
Algunos continuaban vivos, tomando diariamente su vitamina C y otros más
podrían considerarse como definitivamente curados. Resultado replicado a
partir del 1 de enero de 1973 durante 5 años, en el Hospital
Fukuoka Torikai de Japón.
Pauling
refutó a todos sus detractores y demostró con pruebas fehacientes que
utilizaron estudios falseados e incompletos para intentar contradecir
los resultados de sus investigaciones.
El interés de Pauling por esta vitamina, fue el
factor que más estimuló la investigación científica y clínica al
respecto, especialmente sobre su relación con la prevención y el
tratamiento de los resfríos y el cáncer. De hecho con sus libros, marcó
el inicio de la era de la vitamina C que vivimos actualmente Muy a pesar
de la virulenta oposición de las instituciones relacionadas con el
cáncer, su utilización como parte del tratamiento se encuentra en
expansión.
EWAN CAMERON
Ewan Cameron,
cirujano, Jefe
del Hospital
Vale of Leven de Loch
Lomondside
(Escocia) y Director
Médico del
Linus Pauling
Institute of Science and Medicine,
fue pionero en el tratamiento del cáncer con vitamina C.
Décadas atrás se descubrió que las concentraciones
de vitamina C en el plasma sanguíneo y en los leucocitos de los
pacientes con cáncer son muy bajas, por eso es muy frecuente que,
además, contraigan otras infecciones. “El nivel de ácido ascórbico en
los leucocitos de los enfermos de cáncer es generalmente tan bajo que
estos no pueden llevar a cabo su importante función fagocitaria, o sea,
rodear y digerir micro organismos”. Su experiencia como cirujano le
llevó a la conclusión de que debería darle un enfoque distinto a esta
enfermedad que tanto sufrimiento estaba causando a la humanad. Se
documentó exhaustivamente sobre el tema y esbozó una nueva teoría sobre
las causas del cáncer.
En su
ensayo “Hyaluronidasa
and Cáncer”
afirma: “Se podría lograr un control
considerable del cáncer reforzando los mecanismos naturales de defensa
del cuerpo humano... Como se sabe, los tumores malignos producen una
enzima, la hialuronidasa, que ataca los cementos intercelulares de los
tejidos, debilitando tanto dicho cemento que facilita la invasión de los
tejidos por la neoplasia”.
Cameron
buscó durante años alguna sustancia reforzadora del cemento intercelular
para reforzar la defensa natural del cuerpo para protegerse de las
células malignas. Tras diversos experimentos con hormonas y otras
sustancias, encontró que el ascorbato (vitamina C) es la sustancia
ideal.
Después
de conocer y emplear todas las técnicas tradicionales para tratar el
cáncer, experimentó con la administración de elevadas dosis de vitamina
C administrada a pacientes con cáncer avanzado. Los pacientes
experimentaron una mejoría general y estadísticamente significativa:
“mayor bienestar, alivio del dolor, disminución de la ascitis (células
que los tumores sueltan, iniciadoras de potenciales nuevos tumores, y,
por tanto, agentes de metástasis) y del exudado pleural maligno, alivio
de la hematuria, una ligera reversión de la hepatomegalia y de la
ictericia malignas, así como una disminución de la actividad maligna”.
Los pacientes cancerosos que habían recibido quimioterapia y que
recibieron vitamina C, pudieron ver reducidas algunas de las indeseables
consecuencias secundarias (náuseas, perdida de cabello)”.
En el
Hospital Vale of Leve,
donde el doctor
Cameron
era cirujano asesor de mayor jerarquía, se hicieron varios ensayos
controlados. A los pacientes que dependían directamente de él se les
administraba ascorbato en dosis elevadas, además de la terapia
convencional. El éxito fue rotundo. Incluso los enfermos desahuciados
tratados con ascorbato (vitamina C) tuvieron una supervivencia mayor y
una mejor calidad de vida. En el
Hospital Fukuoka de Tokio
se realizaron estudios similares con los mismos resultados.
TEORÍA UNIFICADA DE
LA ENFERMEDAD CARDIACA
Según Linus Pauling,
junto con su discípulo Matthias Rath, los factores señalados
hasta hoy como responsables de la enfermedad cardiaca pueden ser tan
solo una pequeña parte de la causa principal de la ateroesclerosis.
Cuando existe insuficiencia
de vitamina C, los vasos sanguíneos se deterioran, se rompen y los
fluidos se escapan hacia la piel y los tejidos. Rath y Pauling
demostraron que el organismo aumenta la producción de apolipoproteína A
y colesterol para tapar las perforaciones y reparar la injuria causada
al endotelio vascular ante una insuficiencia de vitamina C. La
apolipoproteína A sustituye a la vitamina C en su trabajo consistente en
tapar las zonas dañadas de los vasos sanguíneos, las venas y las
arterias para evitar la perdida de los fluidos.
Pero, si se genera una
cantidad excesiva de lipoproteínas y colesterol, el sobrante se deposita
en la pared de los vasos iniciando así un proceso ateroesclerótico que
irá aumentando progresivamente toda la vida. Siendo este uno de los
principales factores, aunque no el único, responsables de los trastornos
cardiovasculares, incluyendo enfermedades coronarias y ataques al
corazón.
Rath se percató al revisar
un estudio que realizó Pauling, que los animales que fabrican su propia
vitamina C generan cantidades muy pequeñas de apolipoproteína A,
mientras que los animales que no pueden elaborar la vitamina C, generan
cantidades más abundantes de apolipoproteína A.
Pauling, Rath y su
equipo de investigadores crearon la teoría que postula que cuando
nuestros antepasados perdieron la capacidad de producir vitamina C
vivían en un ambiente tropical. Y luego, para sobrevivir durante las
continuas épocas glaciales sin morir de escorbuto y el consecuente
derrame vascular que se produce en los vasos sanguíneos cuyas membranas
se encuentran bajo fuerte presión, tuvieron que desarrollar un mecanismo
alternativo al de la vitamina C, para reparar los daños al endotelio.
La teoría de Pauling
y Rath, estipula que los mamíferos que no pueden fabricar su
propia vitamina C como los primates, los murciélagos y el ser humano
sobrevivieron a la insuficiencia de vitamina C durante las épocas
glaciares desarrollando la capacidad de depositar en los lugares dañados
del endotelio vascular: fibrinógeno y apoproteína, reparando las
rupturas. Las apoproteínas tienen una alta afinidad natural a las grasas
y se transforman en apolipoproteína A (apoA). Funcionan como un parche
que impide que los vasos sanguíneos dañados se derramen, se produzca
hemorragia y se pueda sobrevivir durante los periodos de carencia de
vitamina C.
Los mismos mamíferos que no
pueden sintetizar vitamina C, son los únicos que elaboran
apolipoproteína A en su sangre.
No obstante, cuando esto
sucede, también aumentan la posibilidad de sufrir enfermedad cardiaca al
aumentar la concentración de depósitos lipídicos en las paredes
arteriales. De todos los indicadores conocidos el nivel de
apolipoproteína A resulta el más preciso indicador de riesgo
cardiovascular.
La investigación genética
actual sugiere que el desarrollo de la apolipoproteína A fue una
respuesta de las especies amenazadas de extinción a causa de los
derrames de los vasos sanguíneos por insuficiencia de vitamina C. Siendo
esta la forma en que se afrontó la amenaza de muerte que suponía el
escorbuto.
La insuficiencia de
vitamina C aumenta el colesterol, los triglicéridos, las LDL, las
apoproteínas y la lipoproteína A y disminuye las HDL. Por el contrario,
si se aumenta el consumo de vitamina C, disminuye el colesterol, las
LDL, los triglicéridos, la apoA y aumentan los niveles de HDL.
La investigación sugiere
que cuando nuestros antepasados podían tomar suficiente vitamina C
durante el verano, se abatían los excesos de colesterol y lipoproteínas
en la sangre. Y durante el invierno que escaseaban los alimentos ricos
en vitamina C y se producía escorbuto, se aumentaba el colesterol y las
lipoproteínas como un recurso para evitar morir por hemorragias.
En diversos estudios se ha
corroborado que la vitamina C inhibe la producción excesiva de
colesterol y ayuda a convertirlo en bilis. Se ha comprobado que una
dosis diaria de por lo menos 500 miligramos, puede dar lugar a una
reducción de depósitos ateroescleróticos en un periodo de seis meses. Lo
que también explica por qué los ataques al corazón y las apoplejías
ocurren con mayor frecuencia durante el invierno, que durante la
primavera y el verano, estaciones del año en que la gente aumenta su
ingesta de vitamina C, asegura Pauling.
Para probar su teoría,
Pauling y Rath realizaron un experimento con un grupo de cerdos de
Guinea a los que primero provocaron ateroesclerosis y después
suprimieron su ingesta de vitamina C. Ante la ausencia de vitamina C, se
les acumularon placas de apolipoproteína A. Cuando se les suministró
suficiente vitamina C, no desarrollaron las placas ni sus arterias
fueron dañadas.
Si se corrobora con más
estudios científicos que la insuficiencia de vitamina C es la causa
común de la enfermedad cardiaca humana, la complementación de esta
vitamina estaría destinada a convertirse en la medida profiláctica de
primera línea y en el tratamiento universal para esta enfermedad.
Pauling y Rath
recomiendan ingerir entre 3 y
10 gramos al día y para aquellas personas que
padecen enfermedad cardiovascular, recomiendan consumir, además, 3 gamos
diarios del aminoácido lisina, combinación que parece revertir la
ateroesclerosis. Pauling por su cuenta ingería diariamente 10 gramos de vitamina C. Vivió
hasta la edad de 94 años, llevando una vida sumamente activa, productiva
y satisfactoria.
Pauling, L R. Y Rath, M.,
“A unified theory of human cardiovascular disease leading the way
to the abolition of this disease as a cause for human mortality”.
J. Ortomolecular Med. Vol. 7:1, pp 5-12 (1992).
APOLIPOPROTEÍNA A
Aunque
la apolipoproteína A puede salvarnos de morir de escorbuto y lesiones al
endotelio vascular, una insuficiencia crónica y moderada de vitamina C y
la consecuente síntesis de apolipoproteína A, se convierte en un riesgo
muy importante para adquirir enfermedades vasculares y cardiacas.
Por
encima del colesterol total, los triglicéridos y los demás
lipoproteínas, la apolipoproteína A es uno de los principales factores
que pueden desencadenar las enfermedades cardiacas. La apoA, es
una proteína sumamente pegajosa que se adhiere al colesterol, a las
otras lipoproteínas y al endotelio vascular. Producen Coágulos, trombos
y émbolos que bloquean los conductos sanguíneos y obstruyen la
circulación de la sangre. Más aun, pueden evitar que el plasminógeno
(enzima natural que disuelve los coágulos) se inactive y cese su
función, lo cual provoca que los coágulos causen mayores daños y ataques
cardiacos.
Un examen sanguíneo puede
revelar los niveles de apoA (Lpa).
Una lectura de 20 miligramos se considera
normal. Un Rango de entre 20 y 30 miligramos se considera el límite. Por
encima de 30 miligramos se considera elevado y muy riesgoso. Los
factores nutritivos que más contribuyen a elevar los niveles de
Lpa,
son en primer lugar la insuficiencia de vitamina C y en siguiente lugar
la ingesta de ácidos grasos poliinsaturados de configuración trans,
ácidos grasos poliinsaturados parcial o totalmente hidrogenados y
carbohidratos refinados (azúcar y harinas).
VITAMINA C Y ARTRITIS
El doctor Bingham especialista en artritis,
advierte que la mayor parte de artríticos es deficiente en proteínas y
vitamina C. Recomienda a sus pacientes por le menos 2000 miligramos de
vitamina C diariamente.
Carlson Wade explica que la vitamina C ayuda a
reconstruir los capilares, pequeños vasos sanguíneos que entrecruzan
todos los tejidos del cuerpo. A través de las paredes de esos capilares,
el oxigeno y los nutrientes son transferidos a las células para
nutrirlas y luego a través de ellos son eliminados los desechos.
Se sabe que un sistema capilar sano restaura el
metabolismo celular y disminuya la intensidad de la artritis.
La insuficiencia de vitamina C puede causar la
degradación capilar en las articulaciones y las reacciones artríticas
subsiguientes. Cuando los capilares son reforzados, disminuye la
inflamación.
El doctor W. J McCormick afirma en un
artículo publicado en Archives of Peidatrics, que el valor de la
vitamina C para aliviar la artritis reside en su beneficiosos efecto
sobre el cartílago de las articulaciones y el tejido conectivo que las
rodea, ya que sin la vitamina C se desintegran. Y prosigue: la función
más reconocida de la vitamina C es la de ayudar a la formación del
colágeno que sirve para el mantenimiento de la integridad y estabilidad
de los tejidos conectivos en general, y eso incluiría huesos,
cartílagos, músculos y tejidos vasculares.
En caso de insuficiencia de vitamina C en los discos
intervertebrales, los ligamentos, las pequeñas bolsas del interior de
las articulaciones, así como del cartílago que ayuda al movimiento
articular se produce una gran inestabilidad y fragilidad causada por la
degradación del colágeno, sustancia que sirve como cemento intercelular,
resultando en la ruptura de todos esos tejidos conectivos. Una
deficiencia de vitamina C vuelve las articulaciones y los huesos más
vulnerables a las afecciones artríticas.
(W. J. McCormick).
Reconociendo que el fallo capilar puede
predisponer a la artritis deducir que un suministro óptimo de vitamina C
puede además de reforzar los capilares, construir una barrera contra la
artritis. La vitamina C ayuda a formar el colágeno necesario para ello.
(Carlson Wade).
CATARATAS
La vitamina C s encuentra concentrada en el
cristalino de los ojos a un nivel de entre
30 a 50
veces superior que el que se localiza en la sangre que rodea a los ojos.
Ejerce una importante acción protectora contra las cataratas.
ESTERILIDAD MASCULINA
Los testículos contienen al menos cincuenta veces
más vitamina C que la sangre que los nutre. Se han hecho experimentos y
se ha encontrado que una ingesta de 500 miligramos diarios de vitamina C
ayudan a lograr una producción normal de esperma y los hombres llegan a
recuperar su fertilidad.
GINGIVITIS
Como ya hemos comentado ampliamente, la vitamina C
cura el sangrado de las encías y la gingivitis. Se han realizado
estudios clínicos administrando 600 miligramos diarios de vitamina C,
curando después de algunas semanas las encías sangrantes.
INGESTA ÓPTIMA DE VITAMINA C
30 miligramos diarios de vitamina C suprimen los
síntomas de escorbuto. Sin embargo, esta dosis se ha mostrado
insuficiente para mantener las reservas completas, combatir los efectos
nocivos del estrés, la contaminación, los climas extremos, prevenir las
enfermedades, eliminar los metales pesados y neutralizar los nitratos de
la dieta, evitando su conversión en nitrosaminas (sustancias
cancirogenicas).
|
Algunos expertos hacen las siguientes recomendaciones |
Propósito
|
Cantidad
diaria mínima necesaria en miligramos:
|
Necesidades
básicas para
|
|
Prevenir el
escorbuto |
30
|
|
Mantener las
reservas |
100
|
|
Combatir los efectos nocivos del
tabaco y la contaminación |
150
|
Necesidades extra para
|
|
Neutralizar
nitratos y otras toxinas |
300 a
600 |
|
Combatir la
tensión |
100
|
|
Problemas
individuales y de encías |
500
|
|
Combatir
efectos del calor, radiación ultravioleta y prevenir cataratas
|
500
|
|
Actividad
física y deportes |
500
|
|
Reducir riesgo
de cáncer |
380
|
|
Incrementar la
longevidad |
500
|
|
Prevenir o
revertir
la Osteoporosis
|
500
|
Sugerencias
complementarias
|
-
Si se fuma
agregar 150 miligramos diarios.
|
-
Si se come
alimentos procesados agregar otros 500 miligramos diarios.
|
-
Si se
tiene estrés emocional o físico superior al acostumbrado,
añadir 100 miligramos más.
|
-
Si se
trabaja bajo sol cálido. Agregar 500 miligramos.
|
-
Si existen
antecedentes de cáncer en la familia, agregar 500
miligramos.
|
Luego: se suman a las necesidades básicas, las
necesidades extras y las sugerencias complementarias. Con la cifra
resultante se cubrirán de acuerdo a la herencia genética, estilo y
hábitos de vida, las necesidades aproximadas a las óptimas. Esto cubrirá
de manera óptima la necesidad de la mayoría de las personas.
Sin embargo, como veremos a continuación, pueden
existir necesidades superiores. Pauling y Rath, recomiendan una ingesta
de entre 10 y 30 gramos diarios para personas con
cáncer y cardiopatías.
¿CUANTA VITAMINA C NECESITAMOS LOS HUMANOS
PARA UNA SALUD ÓPTIMA?
De acuerdo con el
principio de Individualidad Bioquímica, la necesidad óptima de
vitamina C es distinta para cada persona, y puede oscilar entre
500 a
10,000 miligramos según las últimas investigaciones, en personas
enfermas puede ser superior
La mayoría de los animales sintetizan su propia vitamina C. Se ha
estudiado y calculado que los animales sintetizan una cantidad
proporcional promedio de vitamina C de entre
10 a
20 gramos
por cada 70 kilos. Cantidad que producen en su organismo, además de la
vitamina C que consumen con su alimentación. Al parecer el rango de
necesidad de vitamina C para todo el reino animal incluyendo el hombre,
fluctúa entre esos 10 a
20 gramos diarios. Según prestigiados
investigadores como Irving Stone, Linus Pauling, Catherine Kousmine,
Matthias Rath y Ewan Cameron, entre otros, ese mismo rango de suministro
de vitamina C, es el necesario para que el hombre pueda alcanzar una
salud óptima y protegerse de las enfermedades de la civilización
moderna. Se ha calculado que el mono y el hombre primitivo que habitaban
en los trópicos, ingerían 12 gramos de vitamina C con cada
2,500 calorías de alimentos que consumían.
Sin embargo, de acuerdo al principio de Individualidad Bioquímica
postulado por Roger Williams, la necesidad diaria de vitamina C
es distinta para cada ser humano, la cual depende de dos factores
básicos: herencia genética y estado del organismo moldeado por los
factores ambientales. Como no existe ningún mecanismo que permita medir
la cantidad diaria de vitamina C que el cuerpo humano necesita, tenemos
que aprender a interpretar las señales que éste emite. Si tomamos
demasiada vitamina C, el organismo reaccionará con una leve diarrea. La
razón de ello es que el exceso de vitamina C es excretado, produciendo
una rápida evacuación.
Este método sirve para medir la necesidad individual de vitamina C a
través de la aplicación de un programa por fases progresivas. Se empieza
administrando una dosis moderada para luego ir incrementándola
gradualmente en un gramo diario, hasta que se produzca una leve diarrea.
Luego se reduce la dosis en uno o dos gramos diarios hasta que la
diarrea desaparece. Se llega así a un nivel de saturación en el que se
cubre satisfactoriamente la necesidad individual de vitamina C. Esa será
la dosis diaria ideal para cada persona en lo individual.
En personas enfermas la necesidad suele incrementarse, el Dr. Cathcart
de California demostró que la cantidad de vitamina C que podían asimilar
sus pacientes con enfermedades graves antes de sufrir diarrea, era muy
superior a la que soportaba el grupo de control de personas sanas.
Mientras que en personas sanas bastaba con
8 a
10 gramos
al día, los pacientes que sufrían infecciones u otras enfermedades
graves podían ingerir fácilmente entre 40 y
60 gramos
de vitamina C al día, debido a las mayores necesidades de su cuerpo.
Algunos autores piensan que las tasas de vitamina C halladas en los
tejidos de los animales capaces de sintetizarla, serían las deseables
para el hombre a fin de tener una eficacia metabólica óptima. Calculan
que si se asegurase a la población un aporte abundante de vitamina C,
muy superior a la dosis oficial recomendada, sería posible mejorar la
salud pública y el rendimiento del trabajo en una proporción muy
superior a los costos en se incurriera.
Los efectos secundarios por hipervitaminosis C son
desconocidos, pues no existen. La saturación tisular de vitamina C no
produce ningún efecto indeseable ni reacción tóxica. (Lowel).
En
ocasiones ocurre que ingerida en dosis muy elevadas produce leves
trastornos digestivos (diarrea o náusea), insomnio o dolor de cabeza,
pero estos problemas son excepcionalmente de corta duración y el
excedente eventual es excretado ron rapidez por los riñones. Casi nunca
se han observado estos fenómenos de intolerancia.
El
hombre tolera perfectamente la ingesta de 10 a 20 gramos diarios de
vitamina C durante años. (Tales cantidades son las que se sintetizan en
los animales cuando pueden hacerlo). Las personas enfermas toleran
cantidades mucho más elevadas de vitamina C. Por ejemplo un canceroso
puede tolerar sin que aparezca en la orina hasta 50 miligramos diarios
de vitamina C. Algunos enfermos como los esquizofrénicos, eliminan muy
poco ácido ascórbico y necesitan ingerir de
20 a
100 gramos
diarios para que aparezca en la orina. Los esquizofrénicos mejoran
considerablemente su salud física y mental, así como su calidad de vida,
consumiendo elevadas cantidades de vitamina C acompañada de vitamina B
3.
Nunca se
debe reducir en forma brusca la ingesta de vitamina C. La disminución
deberá ser paulatina y gradual.
FUENTES
Es importante no pasar por alto que las fuentes
naturales de vitamina C son muy importantes, puesto que proporcionan
otros nutrientes y Fitoquímicos que interactúan con la vitamina C
fortaleciendo su efecto. Los alimentos naturales, crudos y frescos son
fuente de carotenoides, flavonoides y otros fitoquímicos muy imperantes.
Una alimentación compuesta por una generosa
cantidad de alimentos naturales, frescos y crudos, puede aportar
aproximadamente 100 miligramos de vitamina C (ácido ascórbico), más
vitamina C-2 (flavonoides) y una variedad de fitoquímicos. Para
completar las necesidades extras, será necesario adquirir un buen
complemento de vitamina C, de preferencia en combinación con
flavonoides.
Cinco raciones de frutas y verduras al día pueden aportar 100 miligramos
de vitamina C. Todas las frutas y las hortalizas son buenas fuentes de
vitamina C.
Entre los órganos animales, las cápsulas suprarrenales, el hígado y la
hipófisis, contienen cantidades importantes de ácido ascórbico.
La vitamina C natural siempre va acompañada de otras sustancias
necesarias para su perfecta asimilación, mientras que el ácido ascórbico
sintético es químicamente pero. “Es evidente que la naturaleza hace
siempre mejor las cosas que el más calificado de los químicos. Por eso,
obtendremos todas las ventajas consumiendo vitaminas naturales en su
forma complementos alimentarios, en vez de vitaminas sintéticas”: Jorge
Sintes Pros, en Virtudes Curativas de las Vitaminas.
En la práctica
nutriterapéutica se emplea a menudo el ácido ascórbico sintético, sin
embargo, es mejor el natural y siempre combinado con flavonoides.
LECTURAS
COMPLEMENTARIAS:
¿POR QUÉ LOS ANIMALES NO SUFREN INFARTO?.
El Dr. Matthias Rath realizó
una exhaustiva investigación sobre la vitamina C y su relación con la
enfermedad cardiaca y el cáncer. Ese libro se puede obtener
gratuitamente y bajar de Internet en formato PDF, siendo una lectura
complementaria muy recomendable para quien desee ampliar sus estudios
sobre la vitamina C. A continuación proporcionamos la dirección de
Internet en donde se puede obtener:
http://eu.dr-rath.com/new_default/new_main_spa/def_esp.htm
JAMES LIND
En más de una oportunidad, la historia del mundo y el destino de las
naciones han sido modelados por médicos con gran capacidad de
observación y experimentación, que lograron solucionar los problemas de
salubridad al dar a conocer las medidas exigidas por las circunstancias.
James Lind, médico escocés, tuvo la ocasión de observar en 1746 y
1747, cómo se desarrollaba con violencia el escorbuto, durante 2
travesías que realizó a bordo del buque Salisbury, las cuales duraron 10
y 11 semanas cada una. En esas oportunidades, el capitán del navío
alimentó a los enfermos con provisiones frescas tales como caldos de
cordero y aves, no obstante llegaron vivos a puerto 80 marineros de los
350 que se habían afectado.1
En esa época, la dieta del marinero carecía casi por completo de
vitaminas, de manera que a las pocas semanas en alta mar, acosado por la
fatiga, la humedad, el frío, pocas horas de sueño y la nostalgia,
comenzaba a presentar con terrible frecuencia los síntomas del escorbuto
y otras enfermedades.
Lind, en uno de sus viajes, comenzó los experimentos cuyos
resultados sentaron las pautas para la profilaxis y el tratamiento de
esa enfermedad carencial. El 20 de mayo de 1747 recibió, a bordo del
Salisbury, 12 enfermos de escorbuto, "... todos tenían las encías
podridas, manchas en la piel, lasitud y debilidad de las rodillas y
tuvieron la misma dieta: gachas endulza das con azúcar, caldo de
cordero, budines, galleta cocida con azúcar, cebada, arroz, pasas, sagú
y vino. Dos de estos enfermos recibieron diariamente, de forma extra, un
cuarto de galón de sidra tres veces al día, otros dos tomaban 2
cucharadas de vinagre tres veces al día. Dos de los más graves recibían
media pinta de agua de mar. Otros 2 recibían 2 naranjas y un limón por
día. Dos más recibían 25 gotas tres veces al día de elixir de vitriolo.
Los dos enfermos restantes tomaban semilla de nuez moscada tres veces al
día y una mezcla de ajo, semilla de mostaza, bálsamo del Perú y resina
de mirra...".1
Lind observó que los efectos más repentinos y visiblemente buenos
se percibieron con el consumo de naranja y limón, uno de los que lo
había tomado estaba en condiciones para el servicio al cabo de 6 días.
El otro se recuperó más lentamente y por su mejoría fue nombrado
enfermero de los demás.
En el libro que publicó James Lind en 1753, Tratado sobre
la naturaleza, las causas y la curación del escorbuto, recalcó
que estos experimentos eran una prueba auténtica y notable de la
efectividad de los jugos de los cítricos contra esta enfermedad. Sin
embargo, fue sólo en 1789 cuando la Marina Inglesa comenzó a tomar
medidas en relación con esto.2
El doctor Lind falleció en 1794, los efectos beneficiosos de sus
trabajos lo sobrevivieron y ejercieron poderosas influencias sobre el
comercio marítimo y la exploración del mundo. (James Lind, vencedor
del escorbuto. José Luis Santana Gómez. Especialista de I
Grado en Medicina General Integral. Ciudad de
La Habana. Revista Cubana de Medicina General Integral,
julio-septiembre, 1995)
MANIFESTACIONES
CLÍNICAS DEL ESCORBUTO
En el escorbuto severo por
carencia de vitamina C se puede observar los siguientes síntomas:
En adultos: Las manifestaciones de la enfermedad
consisten en pápulas perifoliculares hiperqueratósicas en las que los
pelos se fragmentan y caen; hemorragias perifoliculares; púrpura que se
inicia en la parte posterior de las extremidades inferiores y acaba
confluyendo y formando equimosis; hemorragias en los músculos de los
brazos y las piernas con flebotrombosis secundarias; hemorragias
intraarticulares; hemorragias en astilla en los lechos ungueales;
afectación de las encías sobre todo en personas con dientes que
comprenden hinchazón, friabilidad, hemorragias, infecciones secundarias
y aflojamiento de los dientes; incapacidad para cicatrización de las
heridas y reapertura de las recientemente cicatrizadas; hemorragias
petequiales en las vísceras; y alteraciones emocionales y sicóticas.
Pueden producirse síntomas parecidos a los del síndrome de Sjögren. En
estadios terminales son frecuentes la ictericia, edema, fiebre y pueden
producirse súbitamente convulsiones, shock y muerte.
En la lactancia y la infancia: Se producen hemorragias
en el periostio de los huesos largos con hinchazones dolorosas y puede
dar lugar a una separación epifisaria. El esternón puede hundirse
dejando una elevación marcada de los márgenes costales (rosario
escorbútico). En la piel aparecen púrpura y equimosis, y las lesiones de
las encías se producen si han salido los dientes. Las hemorragias
retrobulbares, subaracnoideas e intracerebrales culminan rápidamente en
la muerte si no se instaura un tratamiento a tiempo.
Indicadores de laboratorio: Es frecuente la anemia normocrómica y
normocítica, ocasionada por hemorragias tisulares. La anemia puede ser
macrocítica o megaloblástica en la quinta parte de los pacientes. Muchos
de los alimentos que contienen vitamina C también contienen folatos y
las dietas que provocan escorbuto también pueden inducir el déficit de
éstos. Sin embargo, el déficit de ácido ascórbico produce, además, un
aumento de la oxidación del ácido formil tetrahidrofólico a metabolitos
inactivos de folatos. No se conoce con exactitud si en la patogenia de
la anemia interviene también una alteración en la distribución y
almacenamiento del hierro. La anemia se corrige con el aporte de
vitamina C y con la instauración de una dieta equilibrada.
Diagnóstico del escorbuto: En algunas ocasiones se utiliza la
determinación de niveles de ácido ascórbico en las plaquetas para
establecer el diagnóstico escorbuto, pues en esta enfermedad su valor
suele ser inferior a la cuarta parte de la cifra normal. Los niveles
plasmáticos de la vitamina guardan peor correlación con el estado
clínico. En los lactantes, las alteraciones radiológicas óseas pueden
ser diagnósticas. La bilirrubina se encuentra a menudo elevada. La
fragilidad capilar es anormal.
Tratamiento del escorbuto: El escorbuto puede ser mortal. Si se
sospecha este diagnóstico debe extraerse una muestra de sangre e
instaurar rápidamente un tratamiento con ácido ascórbico. Las dosis
habituales en los adultos son de 100 mg tres a cinco veces al día por
vía oral hasta que se hayan administrado
4 gramos , siguiendo después con 100 mg/día. En
los lactantes y niños pequeños, la posología adecuada es de 10 a 25 mg tres veces al día. A
la vez se establece una dieta rica en vitamina C. Las hemorragias
espontáneas suelen cesar en 24 horas, los dolores musculares y óseos
ceden con rapidez, y las encías comienzan a curar en dos a tres días.
Incluso los grandes hematomas o equimosis regresan en diez a doce días,
aunque las alteraciones pigmentarias en las zonas de grandes hemorragias
pueden persistir durante meses. La bilirrubina sérica se normaliza en
tres a cinco días y la anemia se suele corregir en dos a cuatro semanas.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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la lucha contra el cáncer”. MR Publishers. Holanda.
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animales no sufren infarto… Y los hombres sí. Prevención natural de
infartos cardiacos, apoplejías, hipertensión, diabetes, elevado nivel
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de Salud del Dr. Rath. 2003.
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1958. Reimpreso por The
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10)
Lind J. Una investigación sobre la naturaleza, las causas
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El desafío de la epidemiología: problemas y lecturas seleccionadas.
Washington; OPS, 1988:20-4
11)
Buck C, Alvaro LI, Najera E, Milton T. El desafío de la
epidemiología: problemas y lecturas seleccionadas. Washington;
OPS,1980:13.
12)
Dr. José Luis Santana Gómez. Centro Nacional de
Información de Ciencias Médicas. Calle E No. 452 entre 19 y 21, El
Vedado, Ciudad de La Habana , Cuba. Recibido: 13 de
diciembre de 1994. Aprobado: 8 de febrero de 1995.
13)
James Lind, vencedor del escorbuto. José Luis Santana
Gómez. Especialista de I Grado en Medicina General Integral. Ciudad de La Habana. Revista
Cubana de Medicina General Integral, julio-septiembre, 1995
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